Parir y amamantar experiencia espiritual

En mi entrada anterior http://claudia.lactivistas.org/2012/04/24/el-dia-que-llegue-nuestro-bebe-oracion-para-dar-a-luz/ me atreví a compartir lo que sentí estando embarazada de mi primera hija y cuando me toco verbalizar lo vivido con el nacimiento de mi segundo hijo escribí: ” Sin anestesia y con la fuerza y el amor de Dios, nació este hermoso bebe. Recuerdo que, una vez que nació, dije en alta voz: Cielo Santo, Cielo Santo porque volvimos a vivir el milagro de la vida a plenitud, la voluntad de Dios obrando, su amor hecho carne”      http://claudia.lactivistas.org/2011/08/17/celebrando-un-ano-de-vida/

Ahora quiero compartir una referencia textual que me permitió comprender lo que sentí y viví y lo que tal vez, algunas otras madres también han experimentado.

La cita a la que me refiero es de una autora llamada Inés Ordoñez de Lamus. Esta autora además de ser madre de ocho hijos y abuela, es catequista y profesora de Ciencias Religiosas. En su libro titulado “Acompañamiento Espiritual. Hacia la plenitud del amor”, la autora expresa con palabras que me sorprendieron, la relación que existe entre el acto de parir y amamantar y la dimensión espiritual que ésto conlleva, dice así:

Durante el embarazo y el parto, las mujeres somos protagonistas y espectadoras. Sujetos activos y pasivos de un acontecimiento que nos supera totalmente y, que sin embargo, somos capaces de contenerlo sin morirnos. Nos desgarramos, asumimos el riesgo de morir dando vida y sin embargo, encontramos en la maternidad el corazón y la esencia de nuestro ser mujeres. Sabemos de crisis y de límites, de dolores y de gozos, sabemos esperar y pujar. Aprendemos a través de esta experiencia, el arte de acompañar la vida que se gesta en el corazón de los otros, y nos hacemos “parteras”, expertas en dar luz a Cristo en los acontecimientos de la vida cotidiana.

Diosa Azteca Tlazoltéotl

El gestar, el parir nos descubre también la sacralidad de nuestro cuerpo como sacramento del cuerpo de Cristo, que nos gesta y nos da a la luz como hijos de Dios; el amamantar nos revela de una manera tan próxima el misterio de la Eucaristía y de Cristo que entrega su cuerpo como comida para que crezcamos de Él. Es una experiencia extremadamente fuerte alimentar a nuestro hijo y ver cómo crece siendo nosotras su único alimento; ser succionadas y comidas para alimentar a otro” (pág. 114).

 

Así mismo encuentro eco en el testimonio expresado en el prestigioso Blog El Parto es Nuestro http://blogelpartoesnuestro.com/2012/01/01/la-dimension-espiritual-del-parto/  cuando dice: “…Y es que el parto es un profundo viaje interior, una experiencia que roza lo místico, seamos o no religiosas. Conocer esta dimensión espiritual del parto parece importante para que cada mujer pueda vivir su parto de la mejor manera. Conocer todo lo que conlleva el parto permite salir siempre reforzada del mismo, independientemente de cuál sea el resultado final”.

Y tu, mujer, hecha madre, sin importar cuales son tus creencia religiosas, haz experimentado la relación que existe entre espiritualidad y el acto de parir y amamantar?

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