Un día para mamá

Por Claudia Ridríguez Gilly

Un día para mamá no es cualquier día y si ese día transcurre entre mujeres que hacen cosas de mujeres y en público, entonces, definitivamente, ese, es un día excepcional.

Sentir… vibrar como la mujer que soy, que somos, un aquí y ahora colectivo y simbólico una faceta del ser que se torna difuso, esquivo cuando se esta maternando día a día durante varios años, de forma sostenida. Maternando es mi estado de gracia actual, pleno, consciente y aceptado, pero reconozco sus matices.

Estaba buscando, esperando un día como éste, ya venia sintiendo su proximidad y llegó de la mano de una hermana de la vida, una loba que se revoluciona a si misma, de esas que mudan la piel y se lleva a otras a cuestas en ese viaje.

No estaba previsto que asistiera a la convocatoria de Adriana Rondón cuando invitó por las redes sociales a “Trenzar una a una nuestras historias” pero, el mismo día del evento todo cambió y el camino se abrió como surco ante mis pies y mis temores, así fue como llegué a la acción poética donde mujeres se encuentran en un lugar público y verde para contarse historias, de vida, de ciudad; ahí, pegadas a la tierra, peinando nuestras cabelleras largas o cortas, una a la otra.

Convocatoria, fotos y testimonios http://www.facebook.com/events/695310030586911/?fref=ts

Peinarse es una acción cotidiana que puede pasar desapercibida, invisibilizada y rutinaria, como muchos de los quehaceres femeninos. Claro está muchas vamos a la peluquería y salimos de ahí renovadas pero no es lo mismo, ni siquiera se escribe igual, aunque, incluso así, se intuye que algo nos pasa, que algo se activa en nuestro ser femenino cuando nos tocamos las hebras del cabello, es más, tal vez, ese algo es lo que verdaderamente sostiene el sistema de peluquerías y salones de belleza.

Trenzar, una a una nuestras historias

Trenzar, una a una nuestras historias

Trenzar, una a una nuestras historias

Trenzar, una a una nuestras historias

Trenzar, peinar, acariciar, adornar el cabello de la hermana es jugar, es recordar, revivir el compartir con la madre, es volver a ser niñas, alegres, inventando, explorando texturas, volúmenes, conversar con ella, la otra que también soy yo pero no es como yo, la imagen del espejo que se repite infinita, la sorpresa en el cuento que interrumpe el peinado, la intimidad que se crea; que atmósfera!, por eso fue tan divertido, trascendente, sanador y gratificante.

Gala de flores

Gala de flores

Con mi querida Jannet Ivimas

Con mi querida Jannet Ivimas

La belleza que coronó mi cabeza me hizo sentir única, diferente y ver a las otras con sus colores, risueñas, emocionadas y parlanchinas, fue extremo. Cada peinado era hermoso, el conjunto una gala, todas nos esmeramos por consentir a la otra, la que nos toco en la secuencia de espiral, una desconocida que se torno fascinante y familiar, supe de otras hijas, de ciudades, de quehaceres, hablamos de amigos en común y tiempos pasados, los cables que nos conectaban se tornaron fluorescentes, tangibles. Espacios como éstos te reconcilian con la ciudad posible, la humana y creativa que hace falta.

...mariposa que hizo su mundo en esa cabeza

…mariposa que hizo su mundo en esa cabeza

Reyva Franco

Reyva Franco

Me toco peinar a una reina, también madre, tenia una cabellera arrebatadora, abundante y generosa, llevaba un corte de pelo atrevido, cuando supe quien era, deliré, ella escribe, ya la había leído sin saber de sus cabellos, se completó el rompecabezas, me emocioné y le llene la cabeza de bichos, flores, colores, formas y se posó una mariposa que hizo su mundo en esa cabeza, ella dijo: el peinado de una niña de 5 años.

Gracias Adriana Rondón y a las flores de su jardín.

Mi hermana Geraldine

Mi hermana Geraldine

Adriana y las Flores de su Jardín (Carla)

Adriana y las Flores de su Jardín (Carla)

Trenzadas

Trenzadas

Tren-zadas con mis hermanas en Calasanz

Tren-zadas con mis hermanas en Calasanz